EL ANDAHUAYLAZO
- Impregnate de Historia

- 16 jun 2021
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Rebelión, sedición, insurrección y sublevación fue el levantamiento etnocacerista que, por descontento al gobierno de turno, los hermanos Humala Tasso protagonizaron durante cuatro días en La Pradera de los Celajes.
¿Culpables o inocentes? Un motín armado, con 150 seguidores etnocaceristas, enfrentados por la lucha de sus ideales y el gobierno de centro que ejercía sus funciones como autoridad máxima. Una condena por la muerte de cuatro policías es el saldo que dejó esta subversiva.
Militar, líder de una doctrina basada en la identidad incaica, y militante del etnonacionalismo. Antauro Humala es el representante de una forma de socialismo que pretende imponer una forma de gobierno que sea totalmente autoritario y rechace la democracia, basados en principios incaicos de la época del Tahuantinsuyo y su fascinación por “Brujo de Los Andes”.
SUBLEVACIÓN
Antauro junto a sus huestes asediaron la comisaría de la ciudad la madrugada del primero de enero del 2005. Aprovecharon que aquel día, por motivos de “Año Nuevo” solo se encontraban de guardia 10 oficiales de la policía. Humala junto a 150 de sus reservistas tomaron la comandancia policial, quienes no pusieron resistencia alguna.
“¡Hemos matado a cuatro perros del Estado!” exclamó Humala a sus somatenes. Su instinto como militante socialista emanaba rechazo a quienes años atrás llamaba compañeros de cuadrilla. Lo único que pasaba por su cabeza era su rechazo al gobierno de Alejandro Toledo, exigiendo la renuncia a sus cargos como mandatario, para posteriormente someterlo a un “juicio de residencia”.
Habían pasado solo cuatro horas desde que el cabecilla había ordenado la toma de la comandancia policial en Andahuaylas. Cuando los rebeldes emboscaron una patrulla del Escuadrón Verde en las inmediaciones de la jefatura. Ya no había marcha atrás, el mayor Antauro dio las señales y acabaron con la vida de cuatro oficiales Carlos Cahuana, Ricardo Rivera, Luis Chavez y Abelardo Cerrón.
La revuelta llegó a su fin el 4 de enero, cuando los 150 reservistas recibían la carta de Humala indicando que debían deponer armas, Antauro pasó al penal de Piedras Gordas donde recibiría 25 años de prisión, que terminaron por ser 19, los que cumple actualmente en el penal de Ancón II.
INDULTO
“¡Han matado a mi hijo! ¡Dejaron a su familia abandonada! Por eso yo no quiero que salga” dice a viva voz, Christina Fernández. El vacío que dejo su hijo es irremplazable. Hijos, esposa y una madre desesperada claman por evitar que los militantes de Unión por el Perú le concedan la amnistía a aquel hombre que no miro atrás, ni lo pensó dos veces para ordenar el tiroteo aquel 2 de enero del 2005.
Familias deshechas, hijos abandonados, esposas, madres, sobrinas, tías y hermanos, todos sin aun poder recuperarse de aquel desastroso hecho que marcó sus vidas para siempre. Isabel Orellana una joven residente en Lima, en el distrito de San Martín, aun no supera la muerte de su tío, quien dejó dos pequeños hijos en ese entonces a sus 46 años.
La mañana que el teléfono sonó en casa, aquel 3 de enero del 2005, creyeron que era para buenas noticias o quizá una llamada de rutina telefónica. Pero la sorpresa fue otra, la vida se caía a pedazos para la familia Cerrón Carbajal, aquel hombre de orgullo se había marchado en el ejercicio de su función como oficial de la Policía Nacional.
Jhony Cahuana es otra víctima del famoso “Andahuaylazo” mataron a su hermano a sangre fría, sin pensarlo dos veces, sin aplicar la empatía. Es 20 de febrero del 2020 y la familia Cahuana Pacheco suplica a las autoridades y sobre todo a los congresistas de Unión por el Perú no concederle el indulto al hombre que acabó con la luz y el orgullo de cuatro familias unidas.
Autora: Geraldine Escobar

Fotografía: El Comercio





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