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BAJO ESCOMBROS

Actualizado: 12 jun 2021

El día transcurría como cualquier otro, padres salieron a trabajar, niños fueron al colegio y madres se quedaron en casa. ¿Se imaginan que aquel 15 de agosto del 2007 a las 6:40 pm sería el inicio del fin para los habitantes de la provincia de Pisco?


Deben pensar que solo fueron pérdidas materiales pero lo que ocurrió aquel día se llevó más que eso, arrasó con vidas de padres, madres y hermanos. Risas, sonrisas y voces que no se volverán a escuchar jamás, más de 76.000 casas construidas con sudor y esfuerzo que ahora están pulverizadas y son parte del recuerdo.


CATÁSTROFE


Un terremoto de 7.2° en la escala de Richter alarmó a Rocío Vargas Espinoza quién estaba en su hogar junto a sus menores hijos de 6 y 8 años. Los rostros estupefactos de los niños y Vargas viendo como las paredes empezaban a rajarse, tazas se caían y la calamina perdía estabilidad. Todo ocurrió tan deprisa que rezar se convertía en la única opción de salvación.


La casa se derrumbó con Vargas dentro de ella. Cómo era posible que la vida le cambiará en tan solo 3 minutos con 30 segundos; la madre de estos dos pequeños quedó atrapada entre pedazos de calamina, adobe y caña que cayeron con la misma intensidad con la que anhelaba salvar la vida de sus hijos.


El terrible remezón terminó, pero Rocío aún permanecía bajo los escombros, mientras la tierra y la vida de las personas estaban desechas. Pedir ayuda era en vano, era como ir detrás de una esperanza imposible de alcanzar en ese momento.


El mayor de sus hijos fue quien entró para rescatar a su madre. Lloraba y gritaba de importancia por no poder hacer nada porque su fuerza de niño se lo impedía. Eran las 9:00 pm cuando su tío logró sacar a Rocío de todo el escombro, ella estaba consiente, con rajaduras en el cuerpo, pero sobre todo en el corazón.


De seguro serán imágenes que jamás podrá sacar de su memoria. Actualmente, Rocío y su familia vive en la ciudad de Lima, ella sigue contando esta terrible experiencia con nudos en la garganta, pero con un gran testimonio de vida que la ayudó a ser más fuerte.


AUXILIO


Pese a que las personas lloraban la pérdida de sus seres queridos la esperanza y las ganas de seguir luchando aún permanecían. Luis Paredes Silva miembro de las Fuerzas Armadas fue parte esencial para el rescate de aquellas personas que lograron sobrevivir a este terrible y avasallador desastre. El 16 agosto a las 4:30 de la tarde llegaron vía helicóptero puesto que las carreteras que se dirigían a Pisco se encontraban destruidas, sin embargo, no fue impedimento debido a que su objetivo principal era salvar la vida de las víctimas.


Los hospitales colapsaron, y los pasillos repletos de personas que no perdían la fe de ser atendidos, pero también el olor a muerte. Los gritos de desesperación presentados por Luis eran cada vez más frecuentes por lo que tuvo que tomar medidas al respecto.


La empatía y el amor a la vida del prójimo, jugaron un papel protagónico para la iniciativa que Luis planteaba, ya que no podía permitir que la espera para ser atendidos les arrebatara la oportunidad de seguir viviendo.


La idea de Paredes consistía en trasladar a las personas que necesitaban ser atendidas con carácter de urgencia a diferentes regiones del Perú tales como Lima, Arequipa, Trujillo, Chiclayo entre otras. Era inevitable dejar a la deriva a 2.200 habitantes de Pisco que además del dolor emocional, la preocupación de no tener vivienda era una incógnita constante.


Actualmente, el país cuenta con el Sistema Peruano de Alerta de Terremotos (Saspe) y la primera estación de medición sísmica se encuentra en Morro Solar de Chorrillos. Dicen que usando un sistema de este tipo 40 segundos antes del terremoto.


Sin importar el desastre que desató el terremoto del 2007, los peruanos aprendieron a resurgir, a pesar de la adversidad que hubo y las que habrá siempre se levantarán con más fuerza.


Autora: Gabriela Fernández


Fotografía: Gabriela Fernández

 
 
 

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