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EL PRECIO DE VIVIR

Los peruanos más vulnerables fueron los que pagaron por las malas decisiones de políticos inexpertos que velaban más por su bolsillo que por la nación. ¿Cómo afrontaron la hiperinflación aquellos que apenas lograban comer del día a día?


Las riendas del país estaban en manos de la incertidumbre. El déficit fiscal y la impresión masiva de dinero provocaron la peor crisis económica del Perú en el año 1988. A partir de ello se aumentaron los precios excesivamente. La escasez y pobreza reinaban en el gobierno del expresidente Alan García. Una fría noche del 08 de agosto de 1990, el ministro de economía en esa época, Juan Carlos Hurtado notificó a toda la población el inicio del Fujishock con Alberto Fujimori al mando del Perú. Las familias temían por su dinero y la inseguridad se apoderó de ellos.


EL HAMBRE


En el año 1985 un 40% de personas eran pobres, dentro de ellos estaba Juan Martín Larraín Gutiérrez. Él junto con sus padres y sus cinco hermanos vivían en una angosta habitación de 7m² en el distrito de Breña. Su padre era la única fuente de ingreso. Al aumentar los precios de la comida, la familia realizó un plan de supervivencia. Cada mañana se dividían para ir en busca de huevos, arroz o algún otro alimento que los llenara durante todo el día. Larraín se formaba en las largas colas que llegaban hasta la otra cuadra y así poder conseguir un kilo de yuca. Sin embargo, el dinero no era suficiente y estos insumos debían ser racionados para que dure por más tiempo. Hubieron días que no conseguían nada y un pan duro era el único deleite para su paladar. Juan Martín, con 23 años, solo tenía en mente aguantar el hambre lo más que pudiera.


Así como Larraín, en la zona sur del Perú se encontraba Rosa Bastidas Villanes. Su rutina consistía en salir de su casa ubicada en Ilo-Moquegua a las cuatro de la mañana para adquirir latas de querosene y así poder cocinar. Con apenas dieciséis años tenía una gran responsabilidad. Para ayudar en la economía de su hogar, Bastidas cargaba bolsas y ayudaba a vender mercadería por cinco soles. Lamentablemente el dinero no alcanzaba a la hora de comprar alimentos para ella, sus cuatros hermanos y sus padres. Todo era racionado, no vendían más de un kilo por alimento. Pasaron días donde su merienda era solo un caldo con trozos pequeños de papa. El pollo y la carne solo podían ser degustados por la clase alta.


LA CALMA


Después de tres largos años del famoso Fujishock, se podía decir que la economía empezó a crecer. Los peruanos vieron una luz al fondo del túnel. Juan Larraín logró recaudar dinero suficiente después de ‘cachuelearse’ en varios trabajos de la capital para estudiar. Rosa Bastidas migró a Lima y gracias al esfuerzo de su hermano que vendía ropa en gamarra pudo cursar un secretariado. Todo gracias a la oportunidad de empleo. Los precios se estabilizaron y comprar azúcar o arroz ya no era un problema. La incertidumbre se desvaneció con el pasar de los meses.


Larraín y Bastidas actualmente se encuentran jubilados. Juan Martín es padre de dos hijos, descubrió su pasión por la cocina y desea dedicarse a ello durante los próximos años. Rosa Bastidas es ama de casa, madre y una feliz esposa. No obstante, ambos recuerdan con nostalgia los días en donde comer era un privilegio. Pasada la penuria, la vida les dejó grandes lecciones. Larraín a causa de la necesidad aprendió a trabajar de todo; desde carpintería hasta dibujante. Tanto él como Bastidas consideran que lo más importante es el ahorro además de enseñarles a sus hijos el valor del estudio y trabajo para superarse en la vida. Sin duda la hiperinflación fue una etapa difícil para el país. Como sociedad tenemos que cuestionarnos ¿Sabemos elegir bien a nuestros gobernantes? No se debe permitir que más peruanos como Larraín y Bastidas sufran a causa de la mala gestión de los políticos. Lo más básico en la vida que es comer, tuvo un gran precio que muchos no pudieron pagar.


Autor: Isabel Cruz



FOTO: Juan Larraín Gutiérrez

 
 
 

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