LA FUNCIÓN DEBE DE CONTINUAR
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- 11 jun 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 13 jun 2021
El telón se cierra, las luces se apagan y los actores se ven forzados a dejar su amado teatro por un nefasto virus que no solo se llevó vidas sino también sueños. ¿Será posible transmitir la emoción de una obra a través de una pantalla?
El escenario era testigo de maravillosos espectáculos que invadían de magia el teatro. Los boletos para las próximas funciones en Lima se agotaron en poco tiempo. La fiel audiencia deseosa de apreciar el arte de la dramaturgia, aclamaban a los artistas que daban vida a aquellos personajes que tiempo atrás solo habitaban en un papel. Pero el panorama se tornó gris con la llegada del coronavirus al Perú. Se cancelaron presentaciones, ensayos, talleres y comenzó la travesía que ningún actor ni en sus peores pesadillas lo imaginó.
LA VIDA REAL
El drama de las obras se volvió una realidad. Los auditorios cerraron hasta nuevo aviso e impregnado en el aire, se quedaron las voces de un público ferviente que no volvería a ver un espectáculo tan de cerca. Los artistas tuvieron que abandonar aquel camerino en donde el maquillaje y el peinado lograban reencarnar a un personaje único. Uno de los actores que vivió en carne propia el fortuito encierro lejos de los escenarios fue Jonathan Oliveros quién al cumplir los dieciocho años entró al mundo artístico. Aún recuerda con nostalgia su primera obra teatral interpretando “Caricias” del dramaturgo Sergi Belbel en 1998. Ahora, vientres años después con cuarenta obras actuadas y dirigidas, se ve obligado a reprimir sus ganas de actuar con el fin de no contraer el nefasto Covid-19.
En el 2020 Oliveros se encontraba en la cima de su carrera como actor. En enero de ese año ensayaba “Hamlet” con el equipo del teatro La Plaza. Esta renombrada obra lo llevaría a una gira internacional por Madrid, Guatemala, Chile y más países de Latinoamérica. Su trayectoria era como una escalera en alto y cada peldaño era un avance. Con la repentina llegada de la pandemia, cayó hasta el primer escalón, como si hubiera retrocedido treinta años atrás. Después de ello, Oliveros se consumió en una profunda depresión. Llantos por la mañana, pérdida de peso y un mal genio se convirtieron en la oscura personalidad de un hombre que meses atrás estaba lleno de vida.
Por otro lado, en el cálido distrito del Agustino, Christian Palomino Martínez atravesaba la misma situación. Un joven actor que con apenas 28 años y treinta obras realizadas, se vio frustrado al no poder seguir con los proyectos que tenía en mente. Febrero fue el último mes en el cual pudo actuar frente a una audiencia masiva. Los nativos de Pucallpa quedaron fascinados con su puesta en escena. Se avecinaba lo mejor. Arequipa y Cuzco eran sus próximos destinos para interpretar un drama titulado “El Velorio”. Sin embargo el esperado día nunca llegó, el coronavirus se había convertido en el personaje principal, opacando los planes y sueños de un actor en ascenso.
NUEVA NORMALIDAD
La virtualidad se convirtió en la solución para diferentes trabajos, pero el teatro le guardaba un cierto recelo. Las obras pasaron de estar en un auditorio repleto de luces, y butacas llenas a trasladarse a una insípida pantalla acompañada de fallas en el internet así como la duda si en realidad te están observando. Para Jonathan Oliveros la magia que se sentía en cada función había desaparecido por completo. Christian Palomino perdió la motivación, el teatro virtual no lo convencía. Pero sin duda, lo más difícil para ambos fue haberse alejado de su amado público. Su respiración, los aplausos y la sonrisa dibujada en sus rostros, muestra de que disfrutaban el show, ya no estaban más.
Oliveros y Palomino ven a la dramaturgia actual como un hibrido. Lo audiovisual y la actuación se combinaron y dieron paso a lo que ahora se le conoce como teatro virtual. Se volvió un reto para los artistas y no dudaron en aceptarlo, era momento de seguir. Oliveros priorizó la enseñanza en su taller de teatro dirigido a personas con síndrome de Down y trastorno del espectro autista. Le costó un par de semanas acostumbrase a las sesiones por zoom pero finalmente logró conectar con sus queridos alumnos. Actualmente, en junio del 2021, se encuentra feliz como director de una fascinante obra llamada “La Tempestad”.
Palomino vio en la red social Tik Tok una oportunidad de explotar su talento a través de videos informativos y de comedia. Con solo un minuto de reproducción cautivo a miles de peruanos. Hoy en día cuenta con 380 mil seguidores que esperan ansiosos un video suyo. Pero el teatro reina en su vida. Se avoco a la enseñanza de la dramaturgia en la Universidad San Martin de Porres y se encuentra optimista sobre el futuro de su carrera. Los artistas son la razón de ser del teatro, no era una opción darse por vencido. La magia y el encanto perduran en la fiel audiencia que acompañó al teatro por varios años. Ahora el elenco cautivará a miles de personas con maravillosas obras que son interpretadas con tanta pasión. Como es lema en el teatro, la función debe de continuar y así será.
Autora: Isabel Cruz

fotografía: Jonathan Oliveros en el 2019 interpretando la obra “la loca del frente – el musical” en el patronato del centro de la amistad peruano.





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