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LA OTRA CARA DE SURCO

Personas con poder, casas lujosas, barrios seguros y tranquilos, colegios de renombre y una supuesta vida plena es como erróneamente se le categoriza a Santiago de Surco ¿Cómo sobrevivir en un distrito donde la pobreza pasa desapercibida?


Al preguntar ¿Dónde vives? y escuchar de respuesta Surco las personas maquinan dinero, pero lo que no conocen es la otra cara de la moneda en la cual se encuentran mototaxis y colectivos ilegales, colegios estatales en malas condiciones, ebrios en cada esquina y jóvenes que están en el camino de las drogas por la falta de educación y la pobreza que perduran de generación en generación.


Trabajar más de 10 horas al día y ganar veinte soles para poder mantener a una familia es lamentable pero una realidad que vive la surcana Lucero Sánchez quien desde el 15 de marzo del 2020 perdió el trabajo de limpieza que tenía, debido a la cuarentena obligatoria por el Covid19. Nunca imagino presenciar una pandemia y menos que se le fuera arrebatada la estabilidad que pudo conseguir en 7 años.


Un embarazo a los 16 años impidió que terminara sus estudios secundarios y a causa de ello Sánchez no puede conseguir una oportunidad laboral sin ser explotada. Su esposo Alonso Marín de 27 años es taxista y el dinero que genera se tiene que dividir en gasolina, luz, agua, alquiler y alimentación. Su menor hija de 7 años de edad cursa el tercer grado de primaria y lo hace con un celular con la pantalla rota, cuatro cuadernos y un par de lápices, pero con excelentes calificaciones porque su madre no quiere que se repita la historia.


Pandemia

La pobreza aumenta, crece y el precio de los alimentos en Surco viejo sube cada día más. Para las familias comer un pan se convierte en un lujo desde que el 05 de mayo se venden a cuatro unidades por un sol. El Instituto Peruano de Economía (IMP) indica que más de 1 millón de peruanos perdieron el empleo el año pasado, sin embargo antes de que el virus que no perdona la vida a nadie existiera 239 mil personas trabajaban de manera ilegal.


En zonas como La Huaca, Parque Alto, Santo Cristo, Tacna es donde habitan la mayor cantidad de familias con 4 y 5 integrantes, que viven del día a día. Los vecinos de Surco pueblo se sienten olvidados y el último peldaño en este concepto ridículo de pensar que todos tienen dinero. En la actualidad a través de las redes sociales reclaman que todos los alcaldes electos solo se preocupan por las zonas “fichas” y “pitucas” como ellos coloquialmente lo denominan.


Pueblo

“Ya no me alcanza el dinero ni para comprar lentejas” “Ni que viviéramos en la Molina” son frases que se escuchan en el mercado número 1 que está ubicado en el Jr. Cáceres a una cuadra de la histórica Plaza de Armas de Surco. Raquel Ramos tiene a su cargo una avícola, puesto en el cual las amas de casa llegan desde las 8 a.m. a preguntar si tiene “pollo caliente” o mejor dicho pollo que no vendió un día antes y si analizamos más este fragmento sería “no me alcanza el dinero, déjame algo menos”.


Como Raquel también se encuentran Carmen, Soledad, Ofelia e Irma quienes todas las mañanas mientras atiendes a sus “caceras” tratan de explicar que los precios elevados no son porque ellas así lo desean, sino porque los proveedores por ser un mercado surcano dejan a un mayor precio los costales de papas, tomates, limones, etc. El día se pasa lento para las madres de familia que ya no saben que comida inventar para que en la mesa no falte ningún plato.


La gente ya se cansó de escuchar a los candidatos a la alcaldía prometer el oro y el moro y verlos nunca cumplir. La pandemia arraso sin asco por aquel lugar, la pobreza va en aumento, no todos los niños estudian y no todo es tan bonito como lo maquillan y como se piensa. En oportunidades las personas se alborotan cuando llega un carretillero rematando frutas a dos soles, porque es símbolo de precios cómodos y por ende podrán adquirirlas.


Surco NO es Casuarinas, Monterrico y Chacarillas. Este distrito es más profundo y sus habitantes hoy necesitan de la ayuda de quienes están al mando. Educación, Salud y tranquilidad es lo que se reclama a gritos. “No nos olviden” es el comentario que más se repite en una publicación de Facebook donde los vecinos con privilegios aparecen con una gran sonrisa en el rostro. Realidad que otros no pueden vivir.


Autora: Mary Villarreal


Fotografía: Diario Correo

 
 
 

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