LAS CENIZAS QUE PERMANECEN
- Impregnate de Historia

- 21 may 2021
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En dos meses se cumplen veintinueve años desde que el corazón del distrito miraflorino fue perpetrado por la subversión del hombre más sanguinario de la época, Abimael Guzmán. Quien calificó de “error” la sangre derramada de aquel momento. ¿Habrán sanado las heridas que marcaron los corazones de los inocentes?
Vanessa Quiroga Carbajal tenía solo 5 años cuando los terroristas la condenaron a sostenerse de una prótesis por el resto de su vida. Su único delito fue acompañar a su madre el jueves 16 de julio de 1992 a la calle Tarata. Alrededor de las 9:20 de la noche estalló un coche bomba que contenía 400 kilogramos de dinamita que provocó una explosión de trescientos metros a la redonda. La desgracia fue fatal. Provocó daños en cuatro edificios residenciales de siete pisos cada uno. Pero lo material no se compara con el número de víctimas que dejó: 155 heridos y 25 muertos, de los cuales cinco están desaparecidos.
La segunda cuadra de la Calle Tarata parecía una escena sacada de una película de guerra. De esas donde ni el protagonista se salva. Los edificios se consumían en fuego, el suelo se cubrió por completo de un manto de vidrios rotos, el olor a pirotecnia inundaba el lugar y las personas gritaban de horror mientras sus cuerpos se tornaban de color carmesí. No había ninguna persona que no estuviera a merced del pánico. “¡Mi hermano se está muriendo!” gritó un hombre desde el cuarto piso de uno de los edificios afectados. Se trata de Felipe y Oswaldo Cava. Encontraron a su hermano, Pedro Cava Arangoitia, estudiante de odontología de 27 años, gravemente herido. Hicieron lo posible por salvar al menor de ellos. Pero ya era muy tarde. La explosión le había partido el cráneo.
PLAN FALLIDO
No había duda de que la mente maestra de este macabro plan fue Abimael Guzmán, máximo líder del Partido Comunista del Perú (PCP), mejor conocido como Sendero Luminoso. Pero, incluso las personas más crueles tienen secuaces. Después de 4 años del atentado, el 28 de junio, la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE) detuvo a la persona que agilizaría la llegada de la justicia: Juanito Guillermo Orozco Barrientos, alias “Franco”. “Tú eres terrorista, ya sabemos lo que has hecho” le gritaron los policías con armas en mano mientras este compraba gaseosas como si nada hubiera pasado. Era un camino sin salida. No tuvo más opción que confesar.
Querían estacionar el Datsun, color guinda y sin placa, en la intersección de la concurrida Av. Larco y Shell, cerca del Banco del Crédito. Como si se tratara de un héroe, el vigilante zonal no lo permitió. Sin más remedio, cambiaron de plan. Los jinetes se dirigieron a la calle Tarata para iniciar su apocalipsis. Nadie pudo ser el salvador de todos los niños, jóvenes y adultos mayores que perecieron aquella noche.
RENACER
Las familias que alguna vez tuvieron que vivir la pesadilla, se alejaron del lugar, pero no todos. Oswaldo Cava Arangoitia, quien perdió a su hermano menor en la fatídica noche. Quiso dar vuelta a la página, pero la nostalgia nunca desapareció. Fue gracias a su progenitor, que procuró no vivir con rencor. “Mi papá nunca tuvo odio (…) Nos dio esa lección de no condenar, no juzgar y de cómo perdonar”. Cada año, en memoria a las víctimas, el 'Grupo In Memoriam Tarata-1992' cuyo representante es el Dr. Oswaldo Cava Garate realiza el Rosario por la Paz. Su única arma para combatir la violencia es el rezo a la Virgen María. Ni el infeccioso virus que nos mantiene distanciados impide que las personas recuerden el mal de los que querían llegar al poder a la fuerza.
La ex niña símbolo de la Paz, Vanessa Quiroga Carbajal, de 34 años, vive con una prótesis, pero, lo que en verdad la mantuvo de pie fue su valentía. Si bien su molestia es debido a que no recibió una reparación civil después de dos décadas del atentado, esto no apagó el fuego de su corazón. Trabaja en el programa Terrorismo Nunca Más del Congreso para enseñar a los más jóvenes el sufrimiento que personas como ella tuvieron que vivir en carne propia.
Este hecho marcó un antes y un después en nuestra historia peruana. El lugar donde fue escenario del terrible suceso, desde el 16 de julio 1994, fue nombrado el Paseo de la Solidaridad. Si decide visitarlo, encontrará un monumento que hace honor a todas las víctimas de la trágica noche. En él tiene grabada la frase: “Aquí nació un Perú unido y solidario por la paz”.
Autor: Dayanna Vargas

FOTO: Canal N





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