LOS NIÑOS DE PLOMO
- Impregnate de Historia

- 13 jun 2021
- 3 Min. de lectura
Cansancio, fatiga, disminución del apetito, actividad neuronal baja y, sobre todo sueños arrancados de raíz, son desagradables sentimientos de los niños heroicos, contaminados con plomo en la ciudad de Cerro de Pasco.
¿Salud o dinero? Una pregunta con una respuesta interminable y miles de culpables. Familias extensas, madres solteras, abuelos y niños menores de 12 años, son los que claman por su salud. Un cuarto de hospital en medio de la incertidumbre, una pandemia y sangre llena de plomo.
Metal blando, con una combinación de gris con manchas blancas y negras, el más antiguo de la tabla periódica. Llevó a más de cinco familias de Cerro de Pasco a acampar fuera del Ministerio de Salud (MINSA), en el distrito de Lince. Exigiendo a sus autoridades facilidades de llevar el tratamiento de sus hijos con cáncer a la sangre en el extranjero.
SALUD POSTERGADA
Han pasado seis días desde el 15 de febrero. Aún no hay respuestas por el Minsa. Paciencia es lo que pidieron las autoridades a la familia de Marcos Castañeda, padre de una niña de 13 años diagnosticada con 19.7% de plomo y arsénico en la sangre.
¿Qué es la paciencia cuando la vida de su hija se está terminando? Los años pasan y Kiara Castañeda perdió la luz en los ojos, las ganas de salir a correr por la meseta del Bombón y los sueños de ser niña por una sola vez se han ido. Es el 2015, la pequeña acaba de cumplir los 8 años, todo parecía ir bien, mejorar, pero los resultados fueron lo contrario.
Castañeda junto a su hija de 8 años son trasladados al Hospital del Niño en Breña, donde fue diagnosticada con leucemia mieloide crónica. El cansancio, la pérdida de peso, la comezón en todo el cuerpo, el frío por el sudor excesivo que produce su cuerpo y el sangrado que no para. Es increíble que la única solución para que la pequeña Kiara de 8 años se salve es no volver a la zona de contaminación, donde la familia Castañeda lo tiene todo.
Han pasado 4 meses y un equipo médico conformado por especialistas extranjeros revisaron a la menor y no solo confirmaron el mal, sino que en el cuerpo de la niña había evidencia de 17 tipos de metales, no solo de plomo y arsénico. Aun así, no hay una solución, no hay una respuesta, los días para Kiara se van terminando y con ella el sufrimiento de su padre aumenta.
Es un día soleado, carpas fuera del Ministerio de Salud, carteles, protestas y familias exigiendo soluciones. Cae a las 9 de la mañana del 1 de febrero del 2020. Kiara ya tiene 13 años y su padre desea que le hagan un trasplante de médula ósea en el exterior. Pero ni la minera Volcano, ni la ministra de Salud tienen una respuesta. Marcos Castañeda aún vive en la incertidumbre de si algún día su pequeña hija, la luz de sus ojos podrá recuperarse completamente.
ESPERANZA FUGAZ
Esmeralda tiene 12 años y a su corta edad libra, postrada a una silla de ruedas, una batalla contra la leucemia. Se le diagnosticó una aplasia medular. Tiene 28 microgramos de plomo por cada decilitro en la sangre, es decir, casi tres veces más de lo permitido.
Las esperanzas para Esmeralda dan luz verde. Sus ojos se llenan de alegría, volver a ser una niña, correr, estudiar y abrazar a su madre y hermanos empiezan a ser una ilusión. La Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) y del sector salud, escucharan el pedido de los padres que dormían frente al Minsa.
La pequeña niña de 12 años, con cabello ondulado, una gorra rosa y su silla de ruedas, desborda felicidad. Los seis días en los que sus padres se encadenaron a las afueras del Minsa lograron que sea llevada a Argentina para que le realicen un trasplante de médula ósea. Lo único que sus padres jamás perdieron fue la fe y las fuerzas con las que aquel 21 de febrero del 2020 recibían la mejor noticia. Su pequeña hija, la adoración de la familia tendría la ilusión de salir adelante.
Hoy Esmeralda se recupera, esperando que sus amigos, sus compañeros y los niños más pequeños tengan la misma oportunidad que ella. Busca que su amiga Sheryl, como ella le decía, se pueda recuperar pronto para volver a correr por la meseta del Bombón, y librar el mal que la Ciudad Real de Minas vive a diario.
Estos son, sin embargo, solo dos de los más de tres mil casos de afectados que se han reportado, según cifras oficiales de 2018, con hasta 14 metales pesados en la sangre en la capital minera de Perú, Cerro de Pasco. En la sangre de más de 2.670 niños de entre 0 a 11 años de edad se encontró metales tóxicos como mercurio, arsénico, pero, sobre todo, plomo.
Autora: Geraldine Escobar

Fuente: Actualidad Ambiental





Comentarios