MATICES: REFORMA AGRARIA EN EL PERÚ
- Impregnate de Historia

- 15 jun 2021
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La reforma agraria es un hematoma para quien lo escucha, es como excavar en ese pasado que nadie quiere saber, sin embargo, es un término usado frecuentemente, pero ¿sabemos que hay detrás de tal acontecimiento histórico? El campesinado empezó a sentirse como si fuera a caerse de la tierra al ilimitado cielo azul. Llegaron a la conclusión que no les importaría caer en el cielo llamado prosperidad. Sentían que sus cuerpos se hundían con la tierra y estaban atrapados dentro de la cripta del cielo, y la gran felicidad por ser reconocidos como parte de una gran sociedad. La Reforma Agraria ya se estaba dando en distintos países latinoamericanos, es así que, tarde o temprano, se tenía que dar en el Perú. En 1969, bajo el lema: “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza” se proclamó la Ley 17716, con la cual el Estado Peruano, empieza a expropiar las tierras de los hacendados. Esto hizo que las haciendas oligarcas pasen a manos de los campesinos organizados en cooperativas. En el norte del Perú se establece la CAPS (Cooperativa Agraria de Producción social) y para la Región Andina, la SAIS (Sociedad Agropecuaria de Interés Social). Sentimientos encontrados Hilda Morales (65), oriunda de Junín, recuerda que a sus diez años esta reforma generó alegría en los miembros de su comunidad y una gran incertidumbre para los hacendados. Su remembranza hace que tenga sentimientos nostálgicos, ya que su cosmovisión andina la puso en una gran encrucijada. La hacienda en la que su familia trabajaba tenía niños de su edad. Es así que, esa parquedad y tristeza característico de los pequeños, se arraigó en ella. Pese a que su familia estaba feliz. El 8 de diciembre del 2019, hace un viaje a la ex hacienda de Ingahuasi. Lugar en donde trabajaba su padre. Al llegar, una gran nostalgia se apodera de ella, ya que recuerda a su progenitor. Su padre hablaba mucho de Velazco, lo mencionaba con júbilo ya que reivindicó al campesino, pero también con tristeza, ya que esa reforma fracasó debido a la falta de asistencia técnica y económica. Ahora, esas grandes hectáreas hacen alusión a un pueblo abandonado. Fue como ver esa gran expectativa popular sin los resultados esperados, generando sentimientos encontrados que le permitieron contemplar su propio vacío.
Empatía
Nacido en Cajamarca, pero criado gran parte de su vida en Lima, Diego Albarrán, con los ojos casi hundidos y con las venas descubiertas por su añeja piel, recuerda que meses después del 24 de junio de 1969, su padre, quien era un hacendado de su natal ciudad, perdía gran parte de sus hectáreas. Él sabía que su progenitor tuvo que trabajar para tener esas tierras, sin embargo, entraba en una gran contradicción: “yo estoy de acuerdo con los que hizo Velasco, era un feudalismo en el siglo XX”
Rasgaba el velo del pasado y ya reunido los recuerdos de su infancia, narra que, en 1968, cuando él tenía 23 años, ocurrió el golpe de Estado del presidente Velasco. Ya sabía discernir entre lo bueno y lo malo, comprendía que la dignidad del campesinado era marginada lesivamente, por lo que era evidente la llegada de una reforma que estructuraría el nuevo orden social y económico.
La reforma agraria fue un reto para el campesino y el hacendado. Tanto Hilda como Diego, reflejan que este acontecimiento no es dicotómico, sino que tiene matices. El gobierno de Juan Velasco Alvarado, pone en evidencia uno de los temas más difíciles de tratar.
Por eso, a pesar de que este 24 de junio se cumplen 52 años de esta reforma, sigue siendo un tema vigente que debe ser tratado de acuerdo a la realidad y problemática de nuestro país.
Autor: Lizardo Romero

Fotografía: El Comercio





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