NO RENUNCIÓ, NOSOTROS LO SACAMOS
- Impregnate de Historia

- 21 may 2021
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Una marcha, ciento diez heridos, dos muertes, dos brigadas voluntarias y una generación que enfrentó cara a cara el problema de un país gobernado por corruptos ¿Por qué la muerte tiene que ser la solución?
El reloj marca las doce del día, el cielo gris se tornaba celeste, el sol amarillo resplandecía como siempre, pero esta vez sus rayos iluminaban el camino de quince mil jóvenes. Estudiantes de colegios, academias, institutos, universidades y entre ellos barristas quienes en conjunto se dirigieron a la histórica plaza San Martín en el Cercado de Lima. Lugar donde dejaron el pulmón, gritaron sus derechos y le demostraron al mundo que en el Perú se metieron con la generación equivocada.
El 14 de noviembre del 2020 con pancartas en las manos y banderas en el pecho se hacía notar y escuchar la Generación del Bicentenario. Herramientas inofensivas para una marcha pacífica como desde el inicio se planteó. Nadie imagino que a las 8 de la noche el resultado costaría la vida de Inti Sotelo y Brian Pintado, jóvenes que tenían un camino más largo por recorrer en la vida que el de la Avenida Abancay y Nicolás de Piérola aquel día.
LA AYUDA
El Colegio de Médicos del Perú (CMP) un día antes del injusto desenlace de este hecho convocó a doctores, enfermeros y paramédicos para que brinden apoyo a quienes protestaban en contra del gobierno de Manuel Merino De Lama. Así se formó la Brigada Voluntaria. Uno de ellos es Arnold Díaz médico del hospital Guillermo Almenara y testigo en primera fila del abuso de autoridad que cometió la Policía Nacional del Perú.
El Dr. Díaz describe como al anochecer la situación se tornó lamentable, la desesperación se apoderaba de las personas que luchaban por respirar y no podían por el gas pimienta impregnado en su ropa. Los kits básicos compuestos por gasas, alcohol, vinagre y agua eran la única ayuda que tenían por parte de colegas y la CMP, institución que se encargó de recolectar las donaciones para auxiliar a quienes los perdigones no pudieron callar.
Los heridos llegaban de tres en tres, luego de cinco en cinco, los puntos estratégicos donde estaban las ambulancias colapsaban, la brigada voluntaria necesitaba manos, fuerza y medicamentos. El COVID-19 pasó a segundo plano, las mascarillas perdieron protagonismo y el agua una vez más resaltaba como indispensable para salvar vidas. Siete días atrás el tema se trataba con pinzas. El 14 la transmisión periodística duro más de 6 horas seguidas sin contar las crónicas y reportajes que nacieron desde la noche que hoy esta impregnada en nuestra historia.
PERUANOS UNIDOS
A través de tutoriales de YouTube, Yovanny Manuel Salas Romero aprendió a como apagar las bombas lacrimógenas que los policías lanzaban sin asco a los grupos de manifestantes. Decenas de jóvenes se unieron, formándose así la brigada “Anti lacrimógenas”. Ellos sacaron las piedras del camino, derribaron los obstáculos y ayudaron a que la viva voz se escuche por tres horas más.
Eran las 11 de la noche y Salas estaba cansado. Ya no había agua ni bicarbonato. Era hora de regresar a casa. Con el celular apagado no veía los cientos de mensajes de su familiares y amigos que dos horas antes lo habían visto desde la televisión cumplir una labor que hoy es admirable. Salió de la Av. Abancay, ningún micro ni taxi pasaba. Él solo quería llegar a casa y decirle a su madre que estaba vivo.
La imagen que no puede sacarse de la cabeza es ver a Inti Sotelo con perdigones en el cuerpo pedir ayuda. En el camino escuchaba cacerolas de quienes protestaban desde casa. Al llegar, se enteró que el joven de jeans, zapatillas negras y polo azul había fallecido. La luz del Inti “el sol” como lo recuerdan había sido apagada. Hoy, seis meses después el caso está en investigación y se asoma una nueva marcha porque los peruanos no aprendieron la lección. Una vez más la historia se repite. Sin embargo, ahora tenemos héroes sin capa que desde ya se alistan para salvar vidas.
Autor: Mary Villarreal

FOTO: Yovanny Salas





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