PUERTAS AL INFIERNO
- Impregnate de Historia

- 21 may 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 may 2021
Las calles ardían al rojo vivo, gritos desgarradores y almas aterrorizadas por ver la muerte. Los comerciantes que trabajaban en mesa redonda no volvieron a ser los mismos ¿Puede un hombre sobrevivir luego de atravesar el infierno?
Soledad Onocc Yauri de 53 años continúa clamando justicia en plena pandemia del 2021. Luego de 20 años que las llamas infernales carbonizaron a ocho integrantes de su familia, se preguntó con indignación ¿La muerte de mis tres hermanas y cinco sobrinos valen 700 soles?
La tarde del 29 de diciembre ella junto a sus hermanas Hilda, Martha y Angélica se dedicaron a la venta ambulante de adornos navideños y pirotécnicos en el Jr. Cusco frente a la Reniec, centro de Lima. Mientras que sus sobrinos menores de edad reían y corrían por los alrededores. Desde tempranas horas las calles estaban cubiertas por ambulantes a diestra y siniestra. Aquella tarde nadie se imaginó que los centros comerciales y almacenes clandestinos contenían más de 900 toneladas de pirotécnicos equivalentes al peso de 165 elefantes.
GRITOS DE TORMENTO
Eran las 7:20 p.m. cuando Alejandro Terrel Terrazos de 46 años estaba de pie en el Jr. Puno a una cuadra de la galería Mina de Oro. Tenía el rostro pálido y las manos sudorosas, había sido arrastrado por una estampida humana. Desde aquel lugar veía el escalofriante escenario, una bola de fuego yacía en el corazón de mesa redonda y arrasaba con todo a su paso. Murieron 466 personas y 277 quedaron heridas. Media hora antes Terrel, un comerciante que había llegado desde Chorrillos, recorría las galerías en busca de mercadería. Repentinamente en la cuadra ocho del Jr. Andahuaylas vio como un ambulante encendió una bengala.
Solo bastó una chispa para que los pirotécnicos llamados silbadores salieran disparados y cayera en las piernas de las personas. Al inicio todo eran carcajadas hasta que en 10 segundos un sonido ensordecedor convirtió los gritos de algarabía en lamentos. El hombre de contextura gruesa que llevaba una bolsa de compras en la mano derecha, vestido con pantalón plomo y polo azul corrió desesperadamente. Los fuegos artificiales resonaban como ametralladoras y se expandía el sonido por cada rincón de mesa redonda.
La unidad Nro.10 de la Compañía de Bomberos Salvadora fue la primera en llegar, el equipo conformado por ocho personas luchó para sofocar las llamas. Las calles estaban repletas de cuerpos inertes, mercadería regada, autos incendiándose y se respiraba muerte.
HERIDAS EN EL ALMA
Dos días después de la tragedia Luis Solari de la Fuente, Ministro de Salud, informó que 450 niños y adultos habían desaparecido. Sin embargo, la cantidad fue superior debido a que los cuerpos fueron expuestos a 1200 grados centígrados y convertidos en cenizas.
El 8 de febrero de 2002, en el gobierno del expresidente Alejandro Toledo, se formó la Comisión Multisectorial responsable de coordinar el Programa Integral de Rehabilitación y Reconstrucción de la zona en emergencia. A pesar de que se restauró parte de la infraestructura, los deudos no recibieron ninguna indemnización.
En el cementerio El Ángel, ubicado en la cuadra 17 del Jr. Ancash, distrito de el Agustino, fueron sepultados los restos de las víctimas del nefasto incendio. Los peruanos no quieren repetir la historia que arrebató la vida de inocentes. Sin embargo, han transcurrido 20 años y el panorama es el mismo las calles de mesa redonda mantienen los cables enmarañados, informalidad y aglomeración ¿Aprendimos algo de la tragedia o nuevamente veremos las puertas del infierno?
Autor: Helen Terrel

FOTO: Canal N





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