UNA TRAMPA MORTAL
- Impregnate de Historia

- 14 jun 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 15 jun 2021
Una sociedad llena de informalidad, cegada ante la ley, pisoteada por los dueños intocables del transporte interprovincial ¿Tiene que llover sangre para llegar a la formalidad?
Cuatro días después de la tragedia los conductores del ómnibus interprovincial de la empresa Sajy, José Quintana Barturén de 51 años y Rodolfo Silva Coronado de 46 años estaban frente al Tercer Despacho de la Segunda Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Condevilla. El fiscal Christian Amado Jara dictó siete meses de prisión preventiva para ambos implicados.
Un total de 20 personas fueron calcinadas dentro del bus el cual tenía como destino la ciudad de Chiclayo. Los familiares de las víctimas no entienden porqué un vehículo aparentemente formal había protagonizado un terrible siniestro.
PASAJE HACIA LA MUERTE
José Alberto Olivos de 42 años daba alaridos de dolor mientras veía como el bus de dos pisos era devorado por el fuego y dentro de aquella prisión de muerte seis miembros de su familia luchaban por su vida. Los demás testigos atinaban a lanzar piedras, tierra y agua para enfrentar la llamarada que salía desde la parte posterior del segundo piso del bus.
El 31 de marzo del 2019 a las 7:20 p.m. el ómnibus de placa CAL – 966, estaba estacionado en un paradero informal de Fiori a tres cuadras del Terminal Plaza Norte en San Martín de Porres. Las paredes sucias, el suelo sin pavimentar, no había señalización de seguridad. Los pasajeros no reclamaron las medidas que debía tener la empresa en el lugar de embarque.
Cada pasajero pagó 50 nuevos soles y subían al segundo piso, el pasadizo era estrecho y a cada lado se observaban grandes ventanas, pero no tenían cerca el martillo de seguridad. José Olivos junto a su esposa, tres hijos y tres nietos menores de edad llegaron dos días antes a Lima para celebrar la boda de su hijo, la familia bailaba, los niños reían y todo era una algarabía. Una vez ubicados en sus asientos esperaban partir a su tierra natal.
A las 7:30 p.m. El lugar empezó a emanar un olor a combustible. José Olivos se percató de este inusual suceso, se levantó del asiento, caminaba a pasos agigantados y sus manos sudaban. Tenía un mal presentimiento.
Bajó rápidamente al primer piso, se paró frente al chófer José Quintana y desesperado le explicó que el olor a combustible se esparcía por todo el segundo piso. El conductor no hizo caso y colocó el equipaje restante en la bodega. Un fuerte ruido los puso alerta, ambos levantaron la mirada y en sus ojos se reflejaba una llamarada que empezaba a consumir el bus.
CEGADOS
El General de la Policía, Jorge Sotil indicó que el vehículo no estaba en buenas condiciones ya que el motor del sistema de aire acondicionado sufrió un cortocircuito y provocó el origen de la tragedia.
En febrero del 2019, el alcalde de San Martín de Porres Julio Chávez Chiong junto con su personal se encargaron de clausurar a la empresa Sajy tras encontrar en el lugar la venta ilegal de combustible. Se colocaron bloques de cemento en el paradero informal para impedir el ingreso y salida de buses. Sin embargo, no fue suficiente para que se acatara las reglas.
Estela Olivos Sipión de 29 años llora mientras sostiene en brazos a su hijo de un año, recuerda ese impactante momento cuando la humareda cegaba las almas inocentes, el caos y las personas se abalanzaba como una estampida de animales salvajes. La empresa pudo integrarse al Terminal de Plaza Norte dos años después del siniestro y 20 personas inocentes pagaron el precio de la informalidad.
Autora: Helen Terrel

fotografía: El peruano





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