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VIEJO ENEMIGO

Un virus latente desde hace más de 20 años. E igual de peligroso que el mismo SARS-CoV-2. Pero cuando la mortalidad roza lo descabellado, el Estado es la salvación. O al menos, esa una utopía que los peruanos se permiten soñar, ¿o no?


Ucayali se tiñe de rojo. Una región alegre, gloriosa y endémica que hoy no ve más que peste y muerte. La situación es crítica. Claman por ayuda, pero no los oyen. Gritan a viva voz, pero pareciera que hablan solos. 28 camas UCI destinadas a los 3 610 infectados por dengue no son suficientes, y Marlon Chavez Santillan, médico de vocación del hospital de contingencia regional de Pucallpa lo sabe perfectamente.


Chavez está cansado. Hoy cubrió guardia de 48 horas consecutivas. Son las 2:30 p.m. y hace una pausa. A paso muerto llega a la parte trasera del área Covid que le asignaron. Hoy, llena de pacientes con una coinfección -COVID y dengue. No obstante, su relativa felicidad termina de sopetón cuando escucha a los lejos las sirenas que avecinan otra tanda de nuevos ingresantes a UCIM.


MALA BIENVENIDA


Rosa Gutierrez partía a suelo pucallpino el ocaso del 5 de febrero del 2017. Esa misma noche, el único Aeropuerto Internacional David Abensur, recibió a una mujer nostálgica. Dejar la capital no fue una decisión fácil, pero su ascenso a Fiscal de la Nación lo valía. La instalación a su pequeño departamento en el centro de la ciudad fue rápida.


Para Gutierrez, hacer amigos no era un problema. Su carrera le permitió desarrollar cualidades sociales que de pequeña no le eran afines. Hoy, eso lo agradece infinitamente.

Dos semanas después de llegar, un dolor intermitente se instaló en su organismo, su permiso laboral de unas horas se convirtió en un mes. “Mis compañeros decían que me había bautizado”. Y es que el 2017 Perú presentó el pico más alto de casos registrados por dengue. Cerca de 70 000 infectados y 100 defunciones a nivel nacional. Debido a las intensas lluvias que dejó el Fenómeno del Niño.


Calles inundadas y descampados lodosos saturados de pozos de agua estancada. El criadero ideal. La selva peruana no contaba con un plan de contingencia de gran envergadura y el “lava, lava, tapa, tapa” recién era implementado. Tres años más tarde, la situación se repite. El Estado les falla otra vez.


Dos días pasaron, cuando Rosa Gutierrez quedó prácticamente inmovilizada. Ardía a más de 39 C°. Tocaron el timbre e hizo acopló todas sus fuerzas para llegar hasta su reducida sala. Un doctor enviado por su jefe, la examinó y lo que dijo la dejó helada. No era una simple gripe como ella pensaba. Había dos probabilidades: dengue o zika. Las dos mortales si no se atendían a tiempo.


COLAPSO


Los años demuestran que el sistema es incompetente. ¿Pero qué sucede cuando dos virus cohabitan? Lo inverosímil es la cruda realidad. “Ni los médicos experimentados lo percibieron en su carrera profesional”. Para Marlon Chavez esto ya es rutina, el alba le permite hacer un rápido recorrido por las camas UCI y UCIM. Donde lo aguardan pacientes intubados y otros con mosquiteros. La soledad y el aislamiento es el peor de los males. Chavez trata de conversar con ellos por unos diez minutos y retorna a sus labores. Les desea un buen día y se marcha.


Por otro lado, el examen de sangre arrojó positivo a dengue. Y con ello Gutierrez vivía con la preocupación de desarrollar un cuadro más grave. La desventaja de atenderse en casa, era la desinformación. “Busqué en internet lo que era dengue hemorrágico y las imágenes me asustaron” Para su alivio Martin, su hermano mayor viajó hasta la ciudad. Sabía que no podría sola.


No existe un tratamiento, ni una vacuna. Paracetamol y agua de coco son las opciones. La población está enterada de ambas enfermedades, pero no saben lo letal que es tener ambas. Cuadros respiratorios complicados, fiebre intensa, dolor muscular y presión baja. Y en el peor de las situaciones falla orgánica, sangrado general y muerte. “No hay protocolos para ambos casos” dijo Chavez.


“No es que no tenga que reclamar, si no es que es algo depresivo para uno”. A esto están reducidos. El médico que no es conformista y busca obtener un sistema más justo se enerva. Se va a Lima. “Ahí lo tienen todo” pero, hasta la misma Ciudad de los Reyes está desabastecida.


Autora: Niccole Veliz




Fotografía: Ojo Publico



 
 
 

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